miércoles, 1 de noviembre de 2017

Moria 2

Estaba sentada en en borde de la acera. Eran las 3 de la mañana. El asfalto estaba mojado y reflejaba las luces de los semáforos. Aquella noche había comenzado a descender la temperatura y había llovido a mares. Podía sentir mi ropa húmeda y cómo la humedad calaba en mis pulmones al inspirar cada bocanada de aire. No debía de estar allí sentada, a las tres de la mañana sin hacer hacer absolutamente nada, excepto mirar al frente y dejar que el frío penetrase en mis huesos. De repente noté alguien a mi espalda. Me di la vuelta pero sabía quién era. Moria se acercó lentamente por detrás hasta el borde la acera y fijó su mirada en la mía.  Parecía más vacía que de costumbre. Me  levanté y le abracé con sumo cuidado. Estaba frío. Frío como un muerto.

- ¿Por qué tienes que ser estar siempre tan frío? ¿Por qué eres tan frío? - le dije tomando su pequeño y pálido rostro entre mis manos- Necesito algo de calor. ¡¡Necesito afecto!! Has sido creado para tener vida propia, para dar afecto....maldita sea.

Arranqué a llorar sin remedio y caí sobre mis rodillas. Moria permanecía inmóvil mirándome. ¿Qué había hecho? Moria no sentía. Era un recipiente sin alma, sin espíritu, sin sensaciones ni sentimientos...¿en qué había fallado? ¿Cómo podía dotarle de un alma cálida piadosa y afectuosa? Creía que había concebido un hijo, alguien a quien dar afecto y a quién enseñar a darlo...pero no había funcionado. Si no podía confiar en la gente de mi propia especie para recibir verdadero afecto y comprensión, pero tampoco podía obtenerlos de Moria, ¿Qué se supone que debía de hacer?.

- He sido una egoísta. Te he creado sólo para no ahogarme en la soledad. Se que lo soy, pero eres mi única esperanza.

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